COLUMNA DE OPINION

Por Cecilia Lopez Montaño

Qué vergüenza

La actitud del Consejo Directivo de la Universidad del Atlántico frente al caso del rector Prasca, señalado por un presunto acoso sexual a estudiantes de este centro educativo, lo único que merece son críticas. La suspensión por tres meses del rector mientras “se arma el rompecabezas” es la disculpa más vergonzosa que se puede dar. Tener como rector de una universidad, llena de mujeres jóvenes, a un individuo acusado de haberles faltado al respeto, de haber actuado como ese macho arcaico, es una falta gravísima por parte de las autoridades de esa institución. Afortunadamente, por fin está siendo sometido a un rechazo público y generalizado.

Por si no se han dado cuenta los responsables del buen manejo de esta universidad, hoy el movimiento #Me Too ha tomado en el mundo el curso que millones de mujeres habían esperado por siglos. Entre más importante es ese hombre que acosa a las mujeres, más grave es el rechazo social e inclusive las actuaciones de la justicia. Hoy han sido señalados diferentes hombres, que van desde presidentes –como Óscar Arias–, hasta el jefe de un grupo de trabajadoras que están en la picota pública. Gracias a estos señalamientos se ha reconocido que ese comportamiento patriarcal, donde al hombre todo se le permite, es un delito.

El rector Prasca tiene que ser expulsado de la Universidad del Atlántico. Precisamente por ser el rector el modelo a seguir, no es posible que este sea el ejemplo para alumnos y docentes. No puede existir la menor sombra de duda para aquellos que deben tomar la decisión, sin miramientos, sin complacencias de los otros hombres del Consejo de que es lo correcto. Con la fama que tiene la Región Caribe de ser la más machista en un país patriarcal como Colombia, no puede quedar ratificada por esta actitud complaciente del Consejo. Los hombres, a diferencia de las mujeres, son muy solidarios entre ellos. Pero, serlo ante un caso de acoso sexual es inadmisible en el siglo XXI.

El rechazo ante esta tradicional forma de comportarse de muchos hombres poderosos es hoy de carácter mundial, por si no lo sabían los miembros del Consejo de la Universidad del Atlántico. Y Colombia –que se había demorado en reaccionar– hoy lo está haciendo con el apoyo de las mujeres colombianas, muchas víctimas silenciosas de este machismo y de esos hombres modernos que, por fortuna, cada vez son más, especialmente entre las nuevas generaciones.   

No hay disculpa que permita mantener en su cargo al rector Prasca. En este caso y en todos los demás que están saliendo a la luz, como en el deporte femenino, las mujeres y los hombres de este siglo tenemos la responsabilidad de hacer valer a la mujer colombiana independientemente de cualquier otra consideración. En Colombia llegó la hora de hacer realidad el #MeToo y poner a los hombres abusadores en su sitio. Porque esta vergüenza, que se ha vuelto el pan de cada día, tiene que acabarse ya. 

cecilia@cecilialopez.com

 

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